Rinconete y Cortadillo

He abierto un nuevo blog Y Cortadillo con el que se completa el título de la famosa novela ejemplar de Miguel de Cervantes, que tan solo se sugería en éste, donde ahora escribo. Ambos son como las dos caras de la misma moneda, como el haz y el envés de la misma hoja, como los dos yoes de la misma persona. Si Rinconete está relacionado fundamentalmente con mi trabajo como profesor de Lengua Española en este centro, Y Cortadillo tiene que ver más con mi vida personal, en el más amplio sentido de esta expresión: inquietudes, opiniones, gustos, aficiones, etc.

La amistad

En los discursos de Graduación que habéis elaborado como producción escrita para el tercer trimestre del curso, mencionáis a los amigos, como las personas que os han ayudado en las situaciones difíciles y con las que habéis pasado los momentos más felices en el instituto.

También existieron relaciones de amistad entre los componentes de la Generación del 27, que estamos estudiando en clase. Una amistad que fraguaron en lugares, como la Residencia de Estudiantes, donde coincidieron algunos de ellos, atraídos por las tertulias y las actividades culturales que allí se organizaban.

Un hermoso testimonio son estos versos de Luis Cernuda dedicados a Federico García Lorca, cuando conoció la triste noticia de su asesinato, al principio de la Guerra Civil:

 

La sal de nuestro mundo eras, 


Vivo estabas como un rayo de sol, 


Y ya es tan sólo tu recuerdo 


Quien yerra y pasa, acariciando 


El muro de los cuerpos 


Con el dejo de las adormideras 


Que nuestros predecesores ingirieron 


A orillas del olvido.

 

Si tu ángel acude a la memoria

Sombras son estos hombres

Que aún palpitan tras las malezas de la tierra;

La muerte se diría

Más viva que la vida

Porque tú estás con ella,

Pasado el arco de tu vasto imperio,

Poblándola de pájaros y hojas

Con tu gracia y juventud incomparables.

 

Aquí la primavera luce ahora. 


Mira los radiantes mancebos 


Que vivo tanto amaste 


Efímeros pasar junto al fulgor del mar. 


Desnudos cuerpos bellos que se llevan 


Tras de sí los deseos 


Con su exquisita forma, y sólo encierran 


Amargo zumo, que no alberga su espíritu 


Un destello de amor ni de alto pensamiento.

 

Son versos elogiosos hacia el difunto, como corresponde a una elegía; pero que encierran un profundo sentimiento de amistad, como cuando dice: La muerte se diría / Más viva que la vida / Porque tú estás con ella. Hay también una referencia explícita a la homosexualidad de Lorca (Mira los radiantes mancebos 
/ Que vivo tanto amaste), que éste nunca reconoció públicamente en vida, a causa de la sociedad tradicional e hipócrita en la que le tocó vivir.

Y es que tanto vosotros como ellos habéis aprendido a ser mujeres y hombres dialogantes y respetuosos con el diferente, en gran parte gracias a los amigos, porque la amistad consiste en escuchar y ser escuchado, en disfrutar con los éxitos y las alegrías de la persona a quien profesamos un afecto desinteresado, en ofrecerle la mano para que no caiga o en llorar con ella cuando sufre.

Matías Regodón

¿Qué produce la emoción en el arte? ¿La belleza de la forma? ¿El equilibrio y la armonía? ¿El contraste y la desmesura? ¿Se puede describir la emoción? ¿Es quizá esa misma inquietud que experimenta el autor de una obra de arte en el momento de crearla? ¿Penetramos los receptores en el misterio del poema, del cuadro o de la canción lo mismo que el poeta, el pintor o el cantante? 

Resulta difícil responder a estas preguntas que quizá sean retóricas y equivalgan por tanto a afirmaciones. Es probable que el arte sea eso: un interrogarse continuamente sin encontrar respuestas.

¿Por qué nos emocionan igual el soneto de Garcilaso â??A Dafne ya los brazos le crecíanâ? que el de Quevedo â??Tras vos un Alquimista va corriendoâ?, cuando el primero enaltece el mito de Apolo y Dafne y el segundo lo denigra?

La respuesta está en que ambas formas de abordar este episodio mitológico, la renacentista de Garcilaso y la barroca de Quevedo, son igualmente hermosas; porque lo que diferencia el lenguaje literario del uso cotidiano de la lengua es la especial preocupación por la forma que se refleja en la presencia de la función poética.

Quizá esta preocupación por la forma se podría trasladar a las demás artes, aunque al final siempre tendríamos la duda, especialmente en este comienzo de siglo caracterizado por el eclecticismo, donde se exhiben como obras artísticas objetos de todo tipo, desde La Gioconda de Leonardo da Vinci hasta unos zapatos de Marilyn Monroe.

Sí es verdad que, cuando nos gusta algo, cuando nos impresiona vivamente una película o un libro o una canción experimentamos una especie de desasosiego, inquietud o calma que nos eleva por encima de la vida cotidiana o nos hace olvidarnos de ella. Lo que Aristóteles denominaba â??catarsisâ?, es decir, la purificación interior que logra el espectador de una tragedia al contemplar las miserias humanas sobre el escenario, la purificación de sus propias pasiones que quedan empequeñecidas comparadas con las que viven los personajes de ficción.

Es probable que también nosotros nos sintamos un poco empequeñecidos y nos olvidemos de nuestras miserias cotidianas, ante la belleza de una obra de arte, o acaso engrandecidos, si tomamos conciencia de la singularidad del momento.

Esta breve reflexión sobre la emoción en el arte pretende introducir un blog sobre todas aquellas actividades artísticas (literatura, cine, pintura, música, cómics, fotografía…) que nos hayan gustado y que queramos compartir con otras personas. Ayúdanos a continuarlo, expresando tu opinión sobre el texto o sobre cualquier creación que te haya emocionado últimamente.