El informe de Brodie


Tienen los cuentos de Borges una peculiaridad: que nos invitan a releerlos. Sea por las citas, con frecuencia, literarias, o por las referencias concretas a las fuentes, con las que suele encabezarlos, sea por la cuidada construcción de los mismos, incluidos los desenlaces sorprendentes, lo cierto y verdad es que acabamos releyéndolos y descubriendo aspectos que habían pasado inadvertidos en una primera lectura.

Así, en el magistral “La intrusa” percibimos que el terrible final, que se cuenta de forma lapidaria (“Hoy la maté. Que se quede aquí con sus pilchas. Ya no habrá más perjuicios”) está anunciado sutilmente, antes, en la presentación de los hermanos, como dos hombres propensos a la pelea. O el protagonismo que alcanzan las armas en el titulado “El encuentro” también se nos sugiere bastante antes del final, con la visita del niño Borges al interior de la casa. Y algo similar acontece en “Juan Muraña”, donde el sueño que tiene su sobrino, Emilio Trápani, es un presagio del desenlace.

Esto revela la sólida armazón de los cuentos, donde se unen –en palabras de Ricardo Piglia, gran estudioso de la literatura borgiana- la civilización y la barbarie. La primera, que le vendría al autor argentino de su padre, que contaba con una nutrida y variada biblioteca; mientras que la segunda tendría relación con los antepasados de su madre, entre los que había “soldados y estancieros”, y con la propia historia argentina, donde se encuentra la figura del gaucho, habitante de las llamadas “tierras de nadie”, que no obedecía ni aceptaba las normas sociales y de trabajo.

La mayor parte de los que integran El informe de Brodie son un buen ejemplo de esta alianza entre civilización y barbarie, pues suelen partir de algo que ha oído o leído el autor, para a continuación contarnos historias, donde predominan la violencia y las pasiones.

Por ejemplo, “La intrusa” comienza así: “Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristián, el mayor, que falleció de muerte natural, hacia mil ochocientos noventa y tantos, en el partido de Morón. Lo cierto es que alguien la oyó de alguien, en el decurso de esa larga noche perdida, entre mate y mate, y la repitió a Santiago Dabove, por quien la supe. Años después, volvieron a contármela en Turdera, donde había acontecido…”. Y las primeras palabras del titulado “El informe de Brodie” son estas: “En un ejemplar del primer volumen de las Mil y una noches (Londres, 1840) de Lane, que me consiguió mi querido amigo Paulino Keins, descubrimos el manuscrito que ahora traduciré al castellano…”.

La temática es variada: desde el tiempo, que aparece, en todos los cuentos, en especial la idea circular del mismo; pasando por la preocupación por el destino, que se reconoce, por ejemplo, en “Historia de Rosendo Juárez”, personaje que, cuando toma la decisión de no pelear, se rebela contra lo que había sido su vida; hasta la violencia y muerte, pues en casi todos se producen o se anuncian duelos o asesinatos, como en el extraordinario “El evangelio según San Marcos”.

El punto de vista narrativo corresponde predominantemente a una primera persona, que frecuentemente no es Borges, sino un personaje de clase social baja, que le cuenta algo vivido por él mismo. Y lo hace de forma lineal, con sentido del ritmo, mediante un lenguaje sencillo y directo, y demorándose en los prolegómenos, con el fin de captar la atención del oyente, como en las historias orales.

Curiosamente Borges, cuando publicó este libro, llevaba más de veinte años escribiendo sus cuentos de memoria y dictándoselos después a su mujer o a sus amigos, porque se había quedado ciego.

Hablaremos de El informe de Brodie mañana, miércoles, a las 18:30, en el club de lectura del instituto.

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