INSULTAR

Dice Pardal, el niño que protagoniza el cuento “La lengua de las mariposas”: “Yo había oído muchas veces a mi padre blasfemar contra Dios. Lo hacían todos los hombres. Cuando algo iba mal, escupían en el suelo y decían esa cosa tremenda contra Dios. Decían las dos cosas: me cago en Dios, me cago en el diablo”.

Tiene razón Pardal, pues, se crea  o no se crea en Dios, cuando algo nos sale mal o algo nos molesta, los hombres blasfemamos, como si haciéndolo, por un lado, reafirmáramos nuestra hombría y, por otro, nos sintiéramos con más fuerzas para superar el problema.

También, cuando alguien nos hace una trastada o incluso por el simple hecho de llevarnos la contraria, solemos maldecirle o insultarle, eso sí, nunca en su presencia, con el fin de evitar que la situación derive en un enfrentamiento físico del que podemos salir malparados.

Esta costumbre de utilizar palabras soeces o insultar está muy extendida. El ejemplo más claro lo tenemos en los llamados “reality shows”, donde la descalificación, incluso entre personas con formación universitaria, es habitual. Probablemente sea un recurso más para atraer la audiencia; pero, en realidad, como dice el filósofo Emilio Lledó, los insultos tiene como objeto “la anulación del prójimo”, es decir, se recurre a ellos, cuando se carece de argumentos.

En el centro, es frecuente escuchar a los alumnos decir tacos e insultar a los compañeros, como si eso formara parte del uso normal del lenguaje. Hace unos días, llamé la atención de uno de ellos, porque le había dado el profesor la tarjeta amarilla para ir al servicio y, más que desplazarse hacia este lugar, estaba dando un paseo por las diferentes dependencias del centro, aparte de saludar y conversar amigablemente con los compañeros que se iba encontrando. La primera reacción fue negar la evidencia de lo que estaba haciendo y caminar con más lentitud si cabe; después, como le llevé a Jefatura de Estudios, acabó refiriéndose a mí despectivamente.

No sé que influencia pueden tener los medios de comunicación y, en particular, los programas de televisión, donde los contertulios se insultan, en hechos como el acabo de relatar. Lo cierto es que nuestros alumnos los ven y pueden tenerlos como referentes, a la hora de comportarse en la vida. Pero lo peor es lo que se oculta detrás de estas actitudes: la ausencia de argumentos y la descalificación del que piensa diferente.

Al final del cuento “La lengua de las mariposas”, el maestro, que ha sido detenido por los franquistas, cuando se inicia la guerra civil, es insultado,  primero, por el padre de Pardal,  que le llama: “¡Asesino! ¡Anarquista! ¡Comeniños!”; y, después, por éste último, que utiliza para ofenderle las palabras raras que el propio maestro le había enseñado: “¡Tilonorrinco! ¡Iris!.

Ninguno de los dos tiene argumentos morales para insultarle: el padre, porque comparte la ideología republicana con el maestro; y el hijo, porque lo considera buena persona, y siente por él una verdadera admiración. Pero acaban cometiendo esta traición, para salvar la vida.

13 pensamientos en “INSULTAR

  1. El insulto es el camino fácil para hacer daño, para menospreciar a los demás, pero todos sabemos que insultando lo único que hacemos es mostrar lo poco que valemos.
    Si nos enfadamos con alguien, o no estamos de acuerdo con esa persona, yo creo que lo último sería recurrir al insulto, con eso, lo que se consigue es que ella te insulte a ti también y todo acabe en una pelea. Lo mejor sería tratar de calmarse, intentar hablar sin gritar, decir lo que te ha molestado y sobre todo escuchar a los demás para que también se expliquen.
    Ahora bien, si la otra persona es incapaz de escuchar y de hablar con respecto y sigue insultando, lo mejor sería pasar de discutir, y seguir tu camino ignorándole, porque dos no discuten si uno no quiere.

  2. En efecto, y yo misma lo reconozco, cada vez hablamos con más frecuencia usando tacos o palabras muy vulgares y al hacer uso de éstas, parece que no tenemos ni un buen nivel cultural ni tampoco educación. Yo misma me incluyo dentro de este grupo, y en muchísimas ocasiones cuando lo oigo por boca de otras personas me doy cuenta de que yo hago exactamente lo mismo y que suena fatal, es más, pienso muy mal de ellos. Es ahí donde te das cuenta de que tú misma eres igual, y que haciendo uso de este vocabulario, lo único que se consigue es alcanzar mala fama, y disminuir la capacidad expresiva, porque si una persona solo se comunica con tacos y palabras malsonantes, como se dice a menudo: » apaga y vamos».
    Yo no suelo referirme a las personas con insultos descalificándolas, lo que si suelo hacer es decir rápido lo que pienso, aunque esté en contra de la opinión de los otros, por desgracia, tengo esa cualidad de que lo hago siempre delante de ellos, para que puedan decirme a mí lo que ellos quieran y puedan defenderse en mi presencia. A veces, da la sensación de que mi intención es provocar a la otra persona y buscar una disputa, pero què va, no es esa mi intención, en absoluto, es más, tengo bastante paciencia cuando algo no me parece correcto por parte de la otra persona, pero llega un momento en que, si las cosas no te parecen lógicas, lo dices. Eso me ha provocado muchas enemistades, ahora sí, nunca hasta el extremo de llegar a las manos.
    En verdad, no creo que la utilización de insultos sea lo más apropiado para hablar con nadie en ningún tipo de circunstancias, ya sea esa forma de dirigirse a los amigos, o a los enemigos o simplemente cuando estamos enfadados.
    En realidad, los insultos más comunes son los empleados cuando hablamos normalmente, y además, siempre me he preguntado por qué los usamos con tanta frecuencia, porque es cierto que decimos en multitud de expresiones ya hechas que emplean palabrotas o insultos y en realidad, el uso de estas palabras no significa que estés insultando a nadie que es lo peor, simplemente cuando se te escapa el típico «¡co..!», no lo estás refiriendo a nadie, simplemente sale, incluso a las personas más cultas y con carreras universitarias, Matías,¡ que hasta a ti se te ha escapado alguna vez!

    Respecto a este último tema, sí es verdad que hay muchos programas de televisión en los que los colaboradores o protagonistas emplean este vocabulario. Por ejemplo, si pones Telecinco, a las 5 de la tarde, te encuentras palabrotas por todos lados, o por ejemplo el famoso concurso Gran hermano, que la gente tanto critica, ya que salen continuamente los concursantes insultándose unos a otros con barbaridades, y muchísimos de ellos tienen estudios y han viajado al extranjero con becas… es decir, que tienen buena formación.

    Puede ser que cada vez empleemos con más frecuencia este tipo de vocabulario por efectos de la televisión, además, programa o película que los emplee, más audiencia tiene, como por ejemplo «Torrente 4», que está ahora en los cines y ha sido todo un éxito, hasta ha superado en número de espectadores a «Avatar». Es increíble pero cierto, nos atrae mucho este tipo de vocabulario, aunque sea cierto que nos damos cuenta de que no está bien utilizarlo y hay muchísimas más maneras de expresarse sin tener que recurrir a él.

  3. Es cierto que los insultos están a la orden del día. Todos más o menos: adultos, mujeres, hombres, niños… sueltan algún tipo de improperio o palabra malsonante ante alguna cosa que les desagrade o sobre alguien al que no aprecien demasiado.
    Los insultos han existido desde siempre aunque seguramente no con la misma calificación y repercusión. Antiguamente, los niños apenas decían “tacos”, de lo contrario sus padres los castigaban o les daban una buena reprimenda, además los niños y jóvenes de antes eran muchísimo más respetuosos que ahora, y es que cada día los niños son más y más respondones y mal hablados, sin respeto alguno o disciplina y sin apenas vergüenza.
    Mi padre o incluso mi abuelo me han contado ocasiones en las que por lo que sea se les escapaba alguna palabrota o taco (que por supuesto no eran de la dureza de los de ahora) y que por ello sus padres o les castigaban severamente o les propinaban un leve rapapolvo que los corrigiera, para que aprendieran a no decir palabrotas. Hoy día, si algún niño dice algo así (aunque como digo los insultos de los niños de hoy en día son verdaderamente ofensivos), no eres capaz de levantarle la mano o ni siquiera corregirlo, porque encima te contestaría de peor forma todavía. Me parece realmente sorprendente, y a la vez muy triste que la sociedad haya permitido esto.
    Pero ¿Quién tiene la verdadera culpa? ¿Los niños? ¿Los padres?, creo que un poco de ambas partes, pero por supuesto sobre todo de los padres. Si mi hijo me respondiera de esa manera, lo pondría más firme que una rama, y es que no se puede tolerar que niños de 5 ó 6 años, que sin exagerar ya se comportan de esta manera, anden por ahí como si todo les diera igual, sin respeto alguno, es intolerable.

    No obstante, es cierto que en ocasiones se nos escapa algún que otro insulto sin querer, porque algo nos sale mal, porque nos sucede algo desagradable: un golpe, una caída, una mala calificación, una mala noticia…por infinidad de cosas que hacen que nos sintamos mal, con ira en algunos momentos y la expresemos así, mediante insultos y tacos, pero eso no es tan malo dentro de lo que cabe, es una forma de liberarse, en principio, inofensiva, dependiendo eso sí, de a quién dirijamos esos insultos…

    Para concluir y no extenderme más en este sórdido tema, quisiera decir que no es malo que de vez en cuando se nos escapen “por x o por y” algún insulto o palabrota, siempre y cuando sea correcto dentro de los límites, y que no atente contra nadie en particular, o que no le cause un extremo dolor a esa persona. Y con respecto a lo de los niños, creo firmemente que debemos hacer algo de inmediato y cortar esto cuanto antes, o serán los niños quienes hablarán peor que los adultos y cada vez a edades más tempranas, convirtiendo esta sociedad, en un caos absoluto.
    “El sabio escucha y evita el insulto; el ignorante, en cambio, oye y responde” (Anónimo)

  4. El insulto, la blasfemia, puede tener innumerables connotaciones. Es innegable que forma parte de la historia y psicología del ser humano, pues con la lengua, antes incluso; llegó el mismo.

    Por una parte, recuerdo un estudio neuroquímico que demostró que la pronunciación de estas palabras tenían la virtud de relajar en momentos de estrés.

    Por otra, en un momento de frustración, es un intento de no parecer crédulos ante los demás. Si hemos confiado nuestras expectativas a Dios, la suerte, o demás avatares; y no alcanzamos la meta deseada, es como desprendernos de esa amarga capa que nos envuelve.
    También puede ser un medio para enfocar la ira sin hacer realmente daño a nadie (todo esto, refiriéndose a la blasfemia tradicional, mencionando a Dios o palabras malsonantes varias).

    Es entonces, a grandes rasgos, una forma de expresar el desasosiego y frustración internas, así como de relajar y eliminar estrés.

    Por otra parte, el insulto enfocado hacia otra persona puede tener varias… finalidades. La más obvia es la de hacer daño, herir a otra persona sin llegar a algo físico ‘visible’. Se puede hacer el mismo daño (o incluso más) con una palabra, mas no se deja la misma marca.
    Sin embargo, está el uso sarcástico del insulto, o incluso positivo. Expresiones que oimos a diario, en realidad. Podemos entenderlas como un gesto de complicidad, o como una forma de enmascarar un gesto de amabilidad sin parecer más ‘afeminado’ o ‘blando’ por ello.

    Son clichés que nunca nos van a abandonar, desgraciadamente.

  5. A menudo, solemos escuchar insultos , que yo los definiría también como palabras sin argumentos que carecen de valores.
    Si nos paramos a pensar, la sociedad en la que vivimos a sufrido una serie de cambios a lo largo de la historia muy grandes. Nuestra sociedad, respecto al tema del lenguaje, es verdad que se han tomado medidas que han avanzado para el conocimiento de la lengua , pero ¿hacemos un uso correcto de ella? La respuesta por desgracia es negativa.
    Hace años, la televisión no estaba presente en todos los hogares , ni tampoco los medios de comunicación que ahora poseemos como es el caso del internet.
    Estos medios de comunicación han ido evolucionando según el gusto de la gente y, como a la mayoría de la gente le “hace gracia” ver como dos personas discuten, llegan a los insultos e incluso algunas llegan a las manos,pues es lo que se supone que deben poner en la televisión para una mayor audiencia y un mayor beneficio para ellos. Existen muchos programas y concursos en los que se describe esto que he explicado, como es el caso de “Gran Hermano” , en donde no paran de discutir día y noche , aunque el título del concurso se supone que debe de ser un concurso en donde se ayuden mutuamente como “ hermanos” , es todo lo contrario.

    A menudo, podemos ser testigos de que, cuando alguien esta de mal humor , y se “tropiece” con otra persona y le diga algo un poco “fuera de lo normal”, esa persona seguramente recurrirá al insulto o a lo mejor optará por alguna forma de desahogo como son los gritos a otro, la violencia etc..

    El insulto se ha convertido como algo diario y del cual no obtenemos beneficio alguno. Lo triste de esto es ver cómo hay personas que a diario son conscientes de que insultan a otras personas ,mas tarde se dan cuenta de ello y, a pesar del caso del chico que fue a pedir perdón después le perdonaron, existen otros casos diarios en los que se pierden o bien amistades, familiares, noviazgos, etc…

    Lo único ventajoso de perder a alguien es que te das cuenta del error cometido y puedes rectificarlo.
    Yo no veo mal el hecho de una “buena torta a tiempo” a un niño que está en plena etapa de educación.
    A lo largo de estas semanas , he estado viendo un programa televisivo llamado “Hermano mayor”, en el cual un hombre estudiaba la situación familiar de una familia cada semana , y ayudaba al hijo/a de los padres a que cambiase. Uno de los casos que más me llamó la atención fue un capítulo en donde se podía ver cómo la hija de la casa, cuando pillaba un cabreo con sus padres recurría, a tomar medidas como la de arrancar las cortinas del baño, tirar los vasos de la cocina al suelo, tirar el mantel cuando todo está colocado en la mesa, etc… Esas medidas han sido las que ha elegido tomar la niña desde que sus padres le dicen “no”. a algo ,que más tarde, seguramente, se convierte en un “si”. por el mero hecho del miedo que tienen los padres en ese momento.

    Es increíble ver cómo una persona llega a esa casa y puede cambiar todas las medidas que toma la hija haciéndola conocer cómo es la realidad, qué va a pasar si sigue actuando de ese modo, y lo más importante es lo que sienten sus padres cuando ella se pone así.
    Este programa sí que lo calificaría como lo define su título “Hermano Mayor” , y pienso que es el tipo de programas que deberían aumentar hoy en día en contra de los llamados “reality shows”.

  6. Creo no estar de acuerdo contigo, en el sentido de que blasfemar nos hace regodearnos en nuestra virilidad, pues, como mujer, no tengo esa perspectiva del uso de palabras malsonantes, creo que es una muestra más de nuestra cultura, de hecho, son muchas las veces que he escuchado (bien en broma, bien en serio) por parte de algún familiar: “no hables así, pues no es propio de una señorita”. Creo que esta norma de conducta (que se refuerza hacia el público femenino) es uno más de los lastres que tenemos que cargar las mujeres, de la dura represión machista que sufrieron nuestras antepasadas.

    Reconozco que, a menudo, digo más “tacos” que los que debería, pero creo que, como todo, la elegancia está en saber en qué momento pueden ser “adecuados” y en qué medida. Además relaciono el uso de este tipo de expresiones y palabras con un entorno distendido y relajado, pues sólo los utilizo cuando estoy con mi familia más cercana y amigos, utilizándolos incluso, como método de “relajación”, pues la descarga que se produce en cualquiera de nosotros al soltar una palabrota en un momento de tensión, es considerable.

    A diferencia de las simples palabrotas, no acostumbro a utilizarlas como insulto, pues no suelo necesitarlas. Además, para mí, carecen de sentido, tanto proferirlas como recibirlas. Me duele mucho más un ataque argumentado, que me haga ver algo que he hecho mal, que una simple palabra malsonante que arremeta contra mí o algún familiar, sin ninguna base en la que apoyarse.

    Si bien es cierto que nos hacen perder categoría (intelectual, protocolaria…) como antes comentaba, es necesario saber en qué entorno se emiten, y debemos medir nuestro vocabulario al igual que medimos nuestra postura, nuestra vestimenta, o nuestros modales.

  7. Los insultos son la forma más clara de mostrar la poca ética y la poca madurez que se tiene.

    Yo veo dos diferencias entre blasfemar cotra dios e insultar a una persona. Claramente ninguna de las dos esta bien, pero la blasfemia pienso que se hace ya en ocaciones como una costumbre, mala costumbre, pero no se ve como un insulto claro sino que se ve como algo más normal que la gente dice cuando algo sale mal o, por ejemplo, te pillas un dedo con una puerta y te cagas en dios; no esta bien, pero no se ve como un insulto.

    Por otro lado, el insultar a una persona, porque esta no esté de acuerdo con tu opinión o porque no haga las cosas como quieres. Me parece sumamente mal que se tenga esa facilidad de palabra con respecto a esa persona y, como bien has dicho, en la mayoría de las ocasiones, no se tiene argumentos para insultar al otro, pero creo que la gente insulta, porque así se desahoga, pero en realidad no gana nada, solamente muestra el poco talante que puede tener ante ciertas situaciones.

  8. En este artículo se habla de distintos usos de los insultos. En primer lugar, haces referencia al típico insulto hacia Dios, como expresión cotidiana que muchos usamos. Éstas son frases hechas, sin ninguna mala intención, con las que no hacemos mal a nadie y que son como una descarga para nosotros mismos ante cualquier situación diaria no agradable.

    Otra cosa es el insulto con la intención de herir a una persona. Por desgracia, es una situación con la que te encuentras diariamente, más aún estando también presente en los programas y realities de la televisión, que se supone tendrían que dar buen ejemplo. Cualquiera de nosotros, entre los que me incluyo, tenemos que aceptar que en alguna ocasión hayamos podido perder las formas y hayamos insultado a alguien, pero ante eso lo que debemos hacer es rectificar y pedir perdón. Lo peor es cuando alguien, aún sabiendo que normalmente reacciona mal ante situaciones que no le gustan o simplemente a opiniones distintas a la suya, reacciona insultando todavía más, sin argumento alguno, y sin tratar de calmar la situación. Tenemos que darnos cuenta de que vivimos en sociedad y debemos tener unas normas de convivencia en las que tendríamos que respetarnos unos a otros y en la cual no hay sitio para insultos o violencia, si no, la sociedad sería un caos. Frente a situaciones que van contra nuestros intereses u opiniones distintas a la nuestra, en vez de insultar, que sería el camino fácil, deberíamos analizar la situación lo más tranquilamente que podamos y aprender a respetar distintas opiniones. Así entenderemos que una opinión distinta de la que nos gustaría escuchar no supone un ataque personal, sino un argumento distinto que puede ayudarnos a ver las cosas desde otro punto de vista. Ante todo debemos intentar llevarnos lo mejor posible, todos sabemos que adoptar una actitud violenta y pelearnos innecesariamente, no es bueno para nadie, además, como se suele decir, dos no se pelean si uno no quiere, ¿no?

    Por último, hacer referencia al caso que citas en “La lengua de las mariposas”, en la que un padre y un hijo por salvar sus vidas insultan a un profesor apresado por los franquistas. Lo que parece una actitud traidora, a mí me resulta difícil de criticar y sobre todo muy triste, no olvidemos que aunque tenían la misma ideología, se trataba de salvar su vida y la de su hijo.

  9. Efectivamente, coincido en que los insultos son una manera de descalificar a la otra persona sin dar ningún argumento válido. Precisamente, el idioma castellano es uno de los más ricos en insultos, que son distintos y con distinto significado, según el país en que se hable, la cultura y la época.
    El insulto no es sólo la palabra en sí, sino también la forma en que se dice, los gestos con los que vaya acompañado, el tono y la fuerza de la voz con que lo pronunciamos. Y a veces puede ser tan grave el insulto, que se convierta en un delito
    El insulto, por otro lado, puede verse como una manera de no llegar a las manos, ya que el que insulta se queda tranquilo, y su ira o su disgusto se va. Y esto es así, según creo, porque con el insulto se obtiene una superioridad que con la pelea, o simplemente con el diálogo razonado, no obtendríamos. Y se obtiene también desahogo de uno mismo.
    Es cierto que actualmente estamos invadidos por programas en los que solamente se escuchan palabras mal sonantes, a cualquier hora, sin respeto por ninguna clase de horario, protegido o no. Y también estamos invadidos por internet, por las redes sociales, y no son pocos los problemas que se solucionan insultando detrás de una pantalla de ordenador, donde siempre es más fácil hacerlo y salir victorioso que si se hiciera cara a cara.
    El insulto se puede mandar a muchos kilómetros de distancia a través del teléfono, del ordenador, por carta, con gritos, o a través de la televisión.
    La nueva moda de los “realitys shows”, en mi opinión, es una forma de incitar a las personas a decir más insultos, pero no motivo para tener la misma educación que estos. La costumbre de decir insultos de una persona viene, en gran parte, en la educación recibida de sus padres y del entorno que la rodea, así como de lo frecuente con que se empleen los insultos en casa. Yo, por ejemplo, veo algunos “realitys”, y sin embargo no soy una persona que emplee tacos continuamente.
    Por último, creo también que en la actualidad los chicos de mi edad dicen más insultos por el mismo motivo que antes, y es que no son capaces de defenderse mediante palabras y argumentar el porqué una persona se merece el insulto.

  10. Pues bien, en primer lugar, quisiera decir que personalmente, a lo largo del día, se me escapan dos o tres insultos, por desgracia. Considero que esto no está bien , pues el insulto nunca es una buena opción , me refiero a los que proferimos cuando algo nos sale mal, pues de los otros apenas los uso , o sólo en contadas ocasiones, pero pienso que es una idiotez atacar a una persona gratuitamente.

    Los insultos es verdad que están muy extendidos en el territorio español , pero donde más se pronuncian y se profieren es en ámbitos rurales o pueblos , personalmente he vivido la experiencia de escuchar a una persona mayor, de campo , que de cada tres palabras dos eran insultos, sin descalificar a nadie , por supuesto. Considero que esto se debe a la dejadez a la hora de hablar , del ambiente , y sobre todo también de la educación que se reciba, raro es que un empresario, por ejemplo diga muchos insultos, algunos se les escaparán pero no llega a ese nivel de “tacos” que es llamativo.

    Sinceramente, cuando alguien se “caga en el demonio” o algo parecido , parece que se le llena la boca , se siente uno más varonil, pero es un error , pues un insulto siempre está feo pronunciarlo, nos rebaja un poco la categoría.

    Es cierto que en un ambiente entre amigos los insultos se presentan a la orden del día , pero son insultos que no van a herir en ningún momento , solo acompañan anécdotas o les dan más énfasis. Además en ocasiones hay insultos que no evitan que se suelte una carcajada , de lo ingeniosos que son.

    Realmente creo que no deberíamos hacer uso del “taco”, pero sinceramente pienso que también estamos muy influenciados , me explico , hoy día son más los programas de televisión , para mí, verdadera basura, ya sea “Sálvame” y todos los de su calaña, pues bien estos programas hacen gala de una gran retahíla de blasfemias, las cuales llegan a nuestros oídos, a los míos no, porque no veo esa basura, sinceramente; pero es cierto que esto se da .Un comentario jocoso , un insulto grave , una falacia simple acompañada de aspavientos y gritos son los reyes de las tertulias televisivas. Ayer leí algo que enlaza muy bien con este tema : “Frente a la inmediatez e impacto de las “píldoras verbales”, el esfuerzo por articular un razonamiento que supere los treinta segundos no tiene ninguna posibilidad de éxito.”Pues bien , esto resume los efectos de los insultos y su uso tan extendido, ya que en el momento que no hay escapatoria , el insulto echa tierra a la otra persona.

    En definitiva el uso del insulto está feo, aunque alivia bastante, pero deberíamos regular su uso y no hacer de ello una costumbre , pues nos rebaja bastante como personas.
    Para acabar quisiera hacer mención del poco peso de los insultos con la frase : “No insulta quién quiere sino quién puede”.

    ——————FERNANDO GÓMEZ AGUILAR———————–

  11. En primer lugar, quiero decir que yo creo que los insultos ya forman parte de nuestra vida cotidiana y que no pasa un día sin que digamos alguno, ya que lo hacemos inconscientemente y lo vemos absolutamente normal.

    Sí que es verdad que los medios de comunicación tienen mucho que ver en que ahora los jóvenes saltemos a la primera de cambio con un insulto o que creamos que en una discusión el que grita más fuerte es el que lleva la razón.

    Cuando se está discutiendo, siempre se llega al insulto fácilmente para quedar por encima de la otra persona o más bien para intentar quedar por encima de la otra persona, porque por tú decir un insulto mayor al que te ha dicho la otra persona no quedas por encima ni mucho menos. Y así es como ocurre en las discusiones de hoy en día, la mayoría de las veces se empieza de broma y finalmente se acaban diciendo insultos las dos personas cada vez mayores, primero uno un insulto, después el otro un insulto más gordo y al final se puede llegar a las manos.

    También hay discusiones que pueden ser sobre diversos temas en los que por ejemplo uno lleva la razón y expone sus argumentos correctamente y sin insultos sin blasfemias y demás, y el otro que no lleva la razón no expone argumentos lo único que hace es insultar a la otra persona para no admitir que de verdad el otro lleva la razón.

    Esto último es lo que por ejemplo está pasando ahora con el tema de Madrid-Barcelona que tanto está dando que hablar, cuando alguna persona está exponiendo sus argumentos razonadamente y sin insultos sobre una falta cometida sobre su equipo o cualquier cosa y lleva la razón, la típica respuesta suele ser descalificando al jugador,al equipo o a la persona que ha expuesto sus argumentos y solo para desviar la atención y no reconocer que la otra persona tiene razón.

    Creo que la persona que no admite cuando no lleva la razón y recurre rápidamente al insulto,descalificación,etc… demuestra que tiene cierta inmadurez.

    Y para concluir, quiero decir que creo que se debería controlar el uso de insultos hacia otras personas y evitar recurrir a ellos rápidamente en una discusión, ya que, cuando se recurren a ellos, las discusiones acaban sin tener sentido, y, como no se controlen y cada vez vaya la cosa a más, esto va a ser un mundo de locos en el que se le dará la razón al que utilice el tono de voz más fuerte y más blasfeme e insulte. Y he dicho que se deberían controlar este tipos de insultos en esas situaciones, porque creo que son los más fáciles de controlar, porque, cuando recibimos un golpe, una caída, o algo que nos produzca dolor físico es más difícil controlar, no soltar una blasfemia o insulto, pero en este caso pienso que, si no va dirigido a nadie, incluso me parece bien porque de alguna manera nos alivia un poco.

  12. En primer lugar, tengo que decir que los insultos están al orden del día en nuestra sociedad. No hay día que pasemos sin escuchar un insulto. Parece ser que hemos evolucionado hacia un mundo tan liberal, que cada uno puede decir lo que quiera y como quiera, cosa que con anterioridad no pasaba, ya que antiguamente, según mi padre, cada vez que se decían palabras malsonantes se recibía un pequeño castigo, ya fuera un cachete en el culo o en la boca (cosa que he vivido yo mismo).

    En mi opinión, los insultos están invadiendo nuestra sociedad, desde aquel niño de tan solo 2 años que aprende su primera palabrota, cosa con la que se siente súper orgulloso su padre, hasta aquel anciano que insulta a otro en la cola del Mercadona.

    Considero que los insultos no tienen ningún valor, no tienen utilidad alguna, solo se utilizan como signo de superioridad, con intención de lastimar u ofender a otro individuo. El uso de ellos se debe fundamentalmente a la educación que se reciba, ya que un niño que sea educado en un ambiente excitado, en el cual sean constantes los insultos, será más propenso a utilizar palabras malsonantes que un niño que haya sido educado en un ambiente estable.

    Esta costumbre de utilizar palabras malsonantes se esta extendiendo en nuestra sociedad a una velocidad increíble. Parte de culpa de dicha extensión la tiene la televisión, sobre todo aquellos programas de salsa rosa, en los cuales imperan los insultos sobre los argumentos.

    Por otro lado, podemos encontrar situaciones en las que personas blasfeman contra Dios o cualquier otra cosa, simplemente por el hecho de liberar toda la furia que llevan dentro causada por un problema, un error o por una acción que nos sale mal o nos molesta. Este tipo de insultos, al contrario que los anteriores, no tienen como intención ofender o lastimar a alguien, sino tan solo sirven como ejercicio de liberación de estrés.

    Además, cuando nos reunimos en pandillas, se suele hacer un uso excesivo de “tacos”, pero sin ninguna intención despectiva, tan solo con intención amigable y divertida.

    En definitiva, hay que saber medir muy bien el uso de palabras malsonantes, ya que pueden tener un valor despectivo según la situación en la que se esté, pero ante todo hay que intentar reducir la costumbre de insultar, ya que llevando a cabo dicha acción parecemos animales en lugar de personas.

  13. YO CREO QUE LOS INSULTOS HACIA DIOS NO CORRESPONDEN, SON UNA BLASFEMIA. ESTOY AL LADO DE UNA PERSONA QUE HABITUALMENTE HACE ESO Y SIENTO QUE ME INVOLUCRA A MI, QUE ME HACE MAL ESPIRITUALMENTE. ES UNA SENSACION HORRIBLE Y NO SE COMO MANEJARLO.

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