La cara del que sabe

Hoy hemos conocido la noticia del suicidio de una chica de Ciudad Real, de 16 años, tras haber soportado supuestamente acoso escolar de forma continuada por parte de compañeros del instituto.

También hoy martes el diario El País publica una entrevista con el actor Rubén Ochandiano, donde afirma que el “bullying” del que fue víctima en el colegio agravó su aislamiento: “Me pegaban, escupían y humillaban. Mi instinto de supervivencia me llevó a inventarme un personaje macarra. Coló. Hasta el punto que me ha costado años abandonar esa pose”.

Quizá por esas cosas del destino, esta mañana, mientras estaba de guardia en una clase de 1º de ESO, he sentido en los ojos de un alumno, al que he llamado la atención por su mal comportamiento, el desafío del que se sabe seguro de sí mismo, porque está por encima de las normas de convivencia que nos hemos dado todos.

Como dice Agustín García Calvo, en un poema homónimo, la cara del que sabe es más habitual de lo que pudiera parecer. Además de en la escuela, la podemos ver reflejada en el hombre de banca dinámico y grave, que aprueba un desahucio; en el jefe de estado que firma una sentencia de muerte; en el chulo que supuestamente cuida de su querida; en el cerebro de una empresa que traza los planes futuros de la misma:

Cuando veas al hombre de banca

dinámico y grave

que en la ranura de su coche

introduce la llave,

mientras habla con un cliente

importante,

y con mano segura

agarra el volante,

verás, si te fijas, en el cristal

la cara del que sabe.

 

En la escuela, al salir de recreo

al patio empujándose,

si ves a uno que lo llaman

el Capacobardes

que le escupe en la oreja al tonto

de la clase

y se planta aguardando

que el otro se arranque,

helados de vidrio verás allí

los ojos del que sabe.

(…)

En la foto del jefe de estado

que fija el instante

en que él, sentado ante un decreto

de muerte de alguien,

en penoso deber la pluma

de oro blande,

cuando firme la firma

de un trazo la trace,

trazada en su frente la puedes ver

la marca del que sabe.

 

O si no, en el neón del espejo

del bar de ‘My darling’

si ves al chulo que a su rubia

le dice, fumándole

de nariz, «Que nanay, nenita,

que tu padre,

y cuidao con el rímel,

que no se te empaste»,

posada en sus párpados la verás

la fuerza del que sabe.

 

Y si asomas, en fin, al estudio

de altos cristales

donde el cerebro de la empresa

dibuja los planes

de la ruta futura, y corre

recto el lápiz

y a derecho y a regla

los borra los árboles,

guiada verás de la pura ley

la mano del que sabe.

 

Todos tienen su idea: son ellos

los reyes del aire.

Y si tú ves que, cuando a todos

los cierre en la cárcel

de los versos y que la música

ya se apague,

yo me quedo a las nubes

mirando distante,

recuérdame y dime «La veo ahí

la cara del que sabe.

 

Tengamos cuidado, pues, con estos «reyes del aire», con quienes podemos encontrarmos en cualquier parte.

Aquí podéis ver y escuchar  al propio Agustín García Calvo recitando el poema «La cara del que sabe».

5 pensamientos en “La cara del que sabe

  1. El problema del acoso escolar no es algo novedoso en nuestra sociedad. Este hostigamiento ha existido siempre y, a menos que los padres de los alumnos colaboren muy estrechamente con los profesores y educadores, lamentablemente seguirá extendiéndose.
    La diferencia entre este “bullying» (como ahora se le denomina al incorporar a nuestra lengua este término inglés), y el acoso que algunos alumnos padecían en épocas anteriores (por ejemplo, en los años setenta y ochenta), es que ahora «los acosadores» someten a sus víctimas a vejaciones que van más allá del ámbito escolar y traspasan los muros de los centros educativos, sirviéndose para ello de las nuevas tecnologías; como si de un acontecimiento gracioso se tratase, cuelgan en internet el vídeo de sus fechorías (o lo envían a través del móvil por MMS, WastApp) para que cualquier usuario pueda observar la «hombría» que poseen y hasta qué punto pueden llegar para demostrarla. Su ignorancia es tal que piensan (y aquí opino que está el fondo del problema) que, por el solo hecho de escupir, insultar, agredir, etc., son superiores a los demás.

    Lo realmente triste es que el caso de esta chica de 16 años no ha sido el único y probablemente no será el último que conozcamos. El problema, procede del entorno familiar en el que no se educa convenientemente a esos jóvenes (bien porque no se puede con ellos, o porque resulta mucho más fácil mirar hacia otro lado y que sean los profesores y educadores los que batallen a diario). Hay hogares en los que no se predica con la palabra, y mucho menos, con el ejemplo.
    Si a lo expuesto anteriormente, unimos que la Ley del Menor más que castigar lo que intenta es reeducar a estos «delincuentes», de una forma suave y proteccionista, ¡el «cóctel explosivo» está servido!.

    Mientras no se reformen esta y otras leyes para sancionar de manera contundente este tipo de actos, continuaremos creando los maltratadores, chulos y, por qué no, asesinos del mañana.

    Pero no todo va a ser reformar las leyes, también hemos de modificar nuestras conductas, perder el miedo y denunciar los casos de los que seamos testigos; de otra forma, seremos cómplices de este maltrato al prójimo.

    Sinceramente, me produce náuseas pensar que estos energúmenos (que no sé como pueden conciliar el sueño)sean el futuro de nuestra nación y, aún más, que puedan convertirse en el espejo en el que se miren nuestros pequeñines.

    ¡Ojalá pronto, entre todos, consigamos erradicar esta lacra para que nuestros pequeños crezcan sin miedo a que nadie atente contra ellos!

    • Afortunadamente, el acoso escolar no es algo extendido en nuestra sociedad, sino excepcional; de lo contrario la vida sería muy difícil de vivir, especialmente para las personas acosadas. En cualquier caso, coincido contigo en que cuando surgen estos casos hay que atajarlos de inmediato, denunciando a los acosadores. En cambio, no me parece que la Ley del Menor sea tan negativa, como la pintas. Hace unos años tuvimos oportunidad de escuchar, en nuestro centro, al juez Calatayud,que resaltó las bondades de dicha ley, con ejemplos de sentencias suyas y de otros jueces, y la impresión que sacamos es que funciona y es útil a la sociedad, es decir, que las sanciones educativas consiguen la reeducación del joven delincuente.

  2. Disiento de tus opiniones por los siguientes motivos:

    Durante mi período escolar (1970-1978) en un Centro Educativo de nuestra ciudad (que entonces era privado), fui testigo de demasiados casos. Lo que ocurre es que, en esa época, no aparecían en los medios de comunicación, ni internet estaba al alcance de todo el mundo. Además, el miedo «al qué dirán», llevaba a los jóvenes a esconder a sus padres y educadores lo que estaban sufriendo. Algunos de esos chavales (hoy hombres casados y con hijos), aún hoy recuerdan con pavor aquellos años.

    Con respecto a la Ley del Menor, además de la experiencia que he tenido trabajando en un Centro de la Junta, los resultados hablan por sí solos en casos como: «El Rafita», «El Cuco». Me parece muy lícito que un Juez de reconocida trayectoria como es el Sr. Calatayud resalte las bondades y excelencias de esta Ley e incluso aporte sentencias que lo demuestren, pero, como ocurre en muchos aspectos de nuestra vida, no se puede generalizar. Hay casos y casos; desgraciadamente, los jueces no están a diario conviviendo con los menores en los centros donde se les lleva (bien para darles cobijo o para reeducarlos).

    Por todo esto, considero que habría que modificar esta Ley y endurecer el castigo por el bien de nuestra juventud.

  3. Me parece horrible el tema del acoso escolar y fuera de ese ámbito.Cómo tienen que sufrir esos niños al verse envueltos en esa situación,adolescentes que se han quitado la vida por este tema,tanto por el acoso en el colegio (burlándose de ellos,quitándole la comida,escupiéndoles etc..), como por internet personas ya con una edad que podían entretenerse en otra cosa que no sea meterse en la privacidad de unos niños que todavía no conocen lo dura que es la vida.Un ejemplo de acoso es el que salió ayer en televisión un hombre que daba clases a unos niños,pero a la vez había otros monitores dando clases de otra cosa como de natación y ese hombre tenía cámaras en los vestuarios y los otros monitores no se habían dado cuenta y resulta que en los vestuarios entraban hasta las madres de los niños para cambiarlos y el hombre lo grababa todo, eso es de ser sinvergüenza y de mala sangre y quién se dió cuenta de todo eso fue la mujer del acosador que tenían un hijo en común de 5 años y otro que venía en camino y la gente no se había dado cuenta de nada.Hay que controlar estas cosas o a ver cómo lo hacemos ,cambiar las leyes o algo, porque esto no puede continuar así, aunque no haya muchos casos, pero los pocos que hay hay que remediarlos.Se van siempre a las personas indefensas que no hablan ni dicen nada y ellos se creen superiores al acosado, se creen guays y lo que no saben es que le están creando un trauma a ese niño,que hay personas que necesitan psicólogos para poder superar esto que tiene que ser muy complicado,y hay otros, como el caso de esa chica de 16 años, que se suicidan.Yo pienso que, cuando un niño te dice día tras día no quiero ir al colegio, ahí ya hay algo raro,ve a hablar con el tutor o profesor, a ver cómo se comporta en el colegio o a ver si ellos han notado algo raro o han visto algo,o directamente preguntarle al niño qué es lo que le pasa; yo creo que es lo primero y, si no te lo cuenta, recurrir a los profesores para poder hacer algo por él.

  4. El acoso escolar está muy presente en estos tiempos.
    Se oyen muchos casos de niños que son “acosados” por sus compañeros y que realmente lo pasan mal.
    Desde que son chiquitos, por el simple hecho de que un niño lleve gafas, sea bajito, sea gordito…, ya es un motivo para meterse con él, algo que ya empieza hacer estragos a lo largo de los años.
    Hay un caso de una chica, no se si la que se menciona en el texto, que también sufrió acoso en el instituto, por un error que cometió: mandar fotos desnuda a alguien que creía conocer por Internet. Esta persona la chantajeaba y tuvo que cambiar varias veces de instituto, pero sin éxito ella se suicidó, no pudo aguantar mas. Es una historia triste, pero real, y hay mas casos parecidos a este.
    Deberían hacer algo al respecto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *