Matías Regodón

¿Qué produce la emoción en el arte? ¿La belleza de la forma? ¿El equilibrio y la armonía? ¿El contraste y la desmesura? ¿Se puede describir la emoción? ¿Es quizá esa misma inquietud que experimenta el autor de una obra de arte en el momento de crearla? ¿Penetramos los receptores en el misterio del poema, del cuadro o de la canción lo mismo que el poeta, el pintor o el cantante? 

Resulta difícil responder a estas preguntas que quizá sean retóricas y equivalgan por tanto a afirmaciones. Es probable que el arte sea eso: un interrogarse continuamente sin encontrar respuestas.

¿Por qué nos emocionan igual el soneto de Garcilaso â??A Dafne ya los brazos le crecíanâ? que el de Quevedo â??Tras vos un Alquimista va corriendoâ?, cuando el primero enaltece el mito de Apolo y Dafne y el segundo lo denigra?

La respuesta está en que ambas formas de abordar este episodio mitológico, la renacentista de Garcilaso y la barroca de Quevedo, son igualmente hermosas; porque lo que diferencia el lenguaje literario del uso cotidiano de la lengua es la especial preocupación por la forma que se refleja en la presencia de la función poética.

Quizá esta preocupación por la forma se podría trasladar a las demás artes, aunque al final siempre tendríamos la duda, especialmente en este comienzo de siglo caracterizado por el eclecticismo, donde se exhiben como obras artísticas objetos de todo tipo, desde La Gioconda de Leonardo da Vinci hasta unos zapatos de Marilyn Monroe.

Sí es verdad que, cuando nos gusta algo, cuando nos impresiona vivamente una película o un libro o una canción experimentamos una especie de desasosiego, inquietud o calma que nos eleva por encima de la vida cotidiana o nos hace olvidarnos de ella. Lo que Aristóteles denominaba â??catarsisâ?, es decir, la purificación interior que logra el espectador de una tragedia al contemplar las miserias humanas sobre el escenario, la purificación de sus propias pasiones que quedan empequeñecidas comparadas con las que viven los personajes de ficción.

Es probable que también nosotros nos sintamos un poco empequeñecidos y nos olvidemos de nuestras miserias cotidianas, ante la belleza de una obra de arte, o acaso engrandecidos, si tomamos conciencia de la singularidad del momento.

Esta breve reflexión sobre la emoción en el arte pretende introducir un blog sobre todas aquellas actividades artísticas (literatura, cine, pintura, música, cómics, fotografía…) que nos hayan gustado y que queramos compartir con otras personas. Ayúdanos a continuarlo, expresando tu opinión sobre el texto o sobre cualquier creación que te haya emocionado últimamente.

 

5 pensamientos en “

  1. Hace ya tiempo leí el libro «El juego de los abalorios» del escritor alemán y premio Nóbel de literatura Herman Hesse y me sentí reconfortado al ver cómo se puede relacionar el arte y la literatura. Este libro trata de un juego, que requiere de varios años de estudio y que consta de unas reglas. Las reglas vienen a constituir un lenguaje secreto donde participan muchas ciencias y artes pero donde predominan las matemáticas y la música.

    Pero no solo en este libro he encontrado relación entre arte y matemáticas. El equilibrio y la armonía a menudo se confunden con fórmulas más o menos complejas.

    Una de ellas es el número áureo o sección áurea. El número áureo ya había sido descubierto en la antigua Grecia y se utilizó para establecer las proporciones de las partes de los templos. También se usó mucho en el Renacimiento, particularmente en las artes plásticas y la arquitectura. En la página http://es.wikipedia.org/wiki/Número_áureo encontraréis más información.

    Y qué decir del fractal, singular objeto geométrico cuya estructura se repite a varias escalas. El ordenador los ha puesto de moda y mediante una serie de cálculos se pueden obtener imágenes verdaderamente fascinantes. Visitad la página http://es.wikipedia.org/wiki/Conjunto_de_Mandelbrot y os convenceréis

  2. Esto no es un comentario, tan solo una felicitación por vuestra genial idea de invitarnos a participar en este blog, habéis conseguido que frenemos en nuestros quehaceres diarios y reflexionemos por unos minutos.

    Por cierto, también he sentido esa â??catarsisâ? aristotélica al leer vuestros comentarios sobre el sentimiento andaluz y la emoción en el arte. Es cierto, me he sentido empequeñecido.
    Habéis conseguido que coloque el blog entre mis favoritos, y estoy tomando aire para zambullirme con algún comentario.

  3. Coincido con José Ramón Albendín en lo que comenta sobre las relaciones entre el arte y las matemáticas; pero me gustaría centrarme en las existentes entre la poesía y las matemáticas, dos disciplinas aparentemente opuestas, aunque con algunos puntos en común. Voy a poner dos ejemplos: uno de Rafael Alberti y otro de Gonzalo Sánchez:

    A LA DIVINA PROPORCIÃ?N

    A ti, maravillosa disciplina,
    media, extrema razón de la hermosura,
    que claramente acata la clausura
    viva en la malla de tu ley divina.
    A ti, cárcel feliz de la retina,
    áurea sección, celeste cuadratura,
    misteriosa fontana de mesura
    que el Universo armónico origina.
    A ti, mar de los sueños angulares,
    flor de las cinco formas regulares,
    dodecaedro azul, arco sonoro.
    Luces por alas un compás ardiente.
    Tu canto es una esfera transparente.
    A ti, divina proporción de oro.
                                                                          
    (Rafael Alberti, Poemas del destierro)

    Alberti expresa en este poema su fascinación ante la proporción áurea. Dada su gran afición a la pintura, es probable que, al escribirlo, tuviera in mente cuadros, como â??Leda atómica â?? de Salvador Dalí. Entrad en esta página web para contemplarlo: http://personal.telefonica.terra.es/web/jack/dali/ledaa.htm
    ¿Compartís la fascinación de Alberti? ¿Qué os parece la aplicación de la proporción áurea que hace Dalí? ¿Qué sensaciones os produce la contemplación de esta obra pictórica? ¿Quizás equilibrio y armonía?

    MATEMÁTICAS Y POESÍA

    Estos números que crecen y crecen sin descanso,
    0.9,0,99, 0,999, 0,9999, 0, 99999, …..
    Acercándose cada vez más a la unidad divina,
    acariciándola sin llegar a tocarla todavía;
    esa sucesión numérica es también poesía.

    Es como una rima inacabable y sostenida,
    como una esperanza siempre insatisfecha,
    como un deseo que nunca se detiene,
    como un cercano horizonte inalcanzable….

    Triángulos, círculos, polígonos,
    elipses, hipérbolas, parábolas,
    suenan en nuestros oídos desde Euclides
    como formas geométricas abstractas,
    figuras ideales que viven con nosotros,
    porque también en el amor hay triángulos
    y en el cielo se dibuja sin compás el arco iris.

    Vais paralelos siempre lenguaje y geometría,
    pues en el habla se esconden las elipses,
    en los libros sagrados se habla por parábolas.

    Números y formas, imágenes y ritmos
    orden y luz en versos y en teoremas,
    con un toque supremo de armonía,
    estáis juntas en la memoria de los tiempos,
    juntas estáis matemática y poesía.

    (Gonzalo Sánchez Vázquez)

    El autor identifica la sucesión numérica con la poesía: â??Es -dice-como como una rima inacabable y sostenida, / como una esperanza siempre insatisfecha, / como un deseo que nunca se detieneâ?
    ¿Qué opináis? ¿Hay poesía en las matemáticas? ¿Hay matemáticas en la poesía?

  4. Me uno a la felicitación de un blog como este.

    Desde hace varios años me ha llamado poderosamente la atención lo que se ha denominado el síndrome Stendhal. Este síndrome esta íntimamente relacionado con el tema en cuestión dado que son los efectos físicos que sufre una persona cuando se encuentra frente a una obra de arte. Hay gente que se desmaya frente alguna pintura, o al escuchar la voz de algun cantante en la ópera, o frente a algún espacio.

    Me interesa profundamente lo que se puede llegar a sentir cuando uno se adentra en las obras. Recuerdo una especie de locura que me inundó la primera vez que estube en El Patio de los Leones en la Alhambra, o el quedarme sin aliento al entrar a la Mezquita en Córdoba, o las indescriptibles sensaciones que me produjo entrar al Pantheon de Agripa en Roma, o a la cripta dentro del Hospital Tavera en Toledo.
    Igualmente podría hablar de la emoción que me produce escuchar ciertas arias con María Callas, o con Barbara Hendricks, o el escuchar a Vicente Amigo tocando la obra Poeta dedicada a Rafael Alberti.
    A veces me sorprendo con lágrimas en los ojos al leer ciertos textos poéticos, o al estar frente a ciertas pinturas en algún museo. Concretamente sentí un brutal estremecimiento frente a la deposición de Guiseppe de Rivera que está en la colección Thyssen Bornemisza en Madrid, o frente a la crucifixión de Rubens que está dentro de la Catedral de Amberes, o frente al Retablo del Cordero Místico de Ian Van Eyck que está en la Catedral de Saint Bavin en Gante.
    En otras ocasiones me he exitado frente a esculturas y dibujos de Rodin, de Antonio Canova o de Bernini.
    Lo que me resulta muy dificil es traducir a palabras lo que se llega a sentir. El cuerpo vibra de diferentes maneras y con diferentes intensidades dependiendo de la conjunción de circunstancias. Además me parece que cada persona reacciona de manera distinta frente a una misma obra y es tan personal cada reacción que no logran sentir lo mismo dos personas aunque estén juntas.
    Hay poemas de Antonio Machado que remueven mi sensibilidad de manera especial si los leo en Baeza o en Sevilla.
    En cine he terminado llorando a lágrima viva con el film de La Misión con Robert de Niro sintiéndo mi corazón destrozado ante la masacre que hacen de los pueblos guaranies patrocinado por la iglesia católica. Tan solo de pensar en la estupidez humana me sobreviene una sensación de impotencia y desencanto que también son emociones provocadas por el arte. Hay escenas en ciertos filmes que son profundamente conmovedoras y que me arrancan lágrimas pues tocan las fibras más sensibles de mi alma. Podría citar muchas más.

    Me encantaría que los que lean esto compartan igualmente qué espacios, momentos de filmes, de óperas, espacios musicales, etc, les han arrancado emociones profundas.
    Agradezco que se hayan tomado el tiempo para leer mi comentario.

    Morelia, Michoacán, México

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