Maus

Todo es sencillo en este cómic elaborado hace más de treinta años: la historia personal de la supervivencia en los campos de exterminio nazis, que le cuenta Vladek a su hijo Art; los textos, escritos en un lenguaje desprovisto de ostentación y adornos; y los dibujos simples y esquemáticos.

Esta sencillez contribuye a hacer más creíble el relato de unos hechos terribles. Así, recuerda Vladek la desaparición de su hermana Fela, de los hijos de esta y de su padre, que tuvo un comportamiento ejemplar, un día que los nazis concentraron, en un estadio, a todos los judíos de Sosnowiec para separarlos en dos grupos:

“PADRE DE VLADEK: La mandaron a la izquierda. Cuatro niños eran demasiados. ¡Fela!

(Dibujo)

¡Mi hija! ¿Cómo se las apañará sola con cuatro hijos a su cargo?

(Dibujo)

VLADEK: ¿Y qué hizo mi padre? ¡Saltó la valla al lado malo!

(Dibujo)

Los de ese lado nunca regresaron”

Para reforzar la ejemplaridad del cómic, Art Spiegelman utiliza el género didáctico de la fábula, pues los judíos aparecen convertidos en ratones débiles y esquivos; los nazis en gatos sagaces e inteligentes; y los polacos son cerdos estúpidos, sin capacidad de actuación.

Se alternan el presente, en que Vladek es entrevistado por Art, en Nueva York, entre 1978 y 1992, con el pasado aterrador de la Alemania nazi. La relación entre ambos personajes es tensa, porque el primero tiene un carácter fuerte y es perfeccionista hasta la obsesión, mientras que el segundo es neurótico y con sentimiento de culpa, por no haber cumplido las expectativas de su padre.

Pero el relato avanza de forma inexorable, descubriéndonos aspectos de la vida cotidiana de los judíos polacos, durante aquel periodo negro: la expropiación de sus bienes; las dificultades para sobrevivir; el traslado, primero, a los guetos, y, después, al campo de concentración de Auschwitz.

En éste, además, los prisioneros viven hacinados en barracones y sometidos a todo tipo de humillaciones: los obligan a desnudarse y a ducharse con agua helada en pleno invierno; les proporcionan ropa y calzado sin mirar la talla; apenas les dan de comer; y a los más débiles los asesinan sin más miramientos:

“VLADEK: Y no paraban de llegar trenes llenos de judíos.

(Dibujo)

Y los que terminaban en las cámaras de gas, antes de que los enterraran, eran los afortunados.

Los otros tenían que saltar a la tumba todavía con vida.

(Dibujo)

Prisioneros que trabajaban allí rociaban a los vivos y a los muertos con gasolina.

(Dibujo)

Y la grasa de los cuerpos en llamas la recogían y la vertían de nuevo para que todos se quemaran mejor.”

A medica que nos vamos aproximando al final, el estado físico y mental de Vladek empeora y, en la última entrevista, se produce la paradoja de que recuerda con precisión el pasado -su liberación del campo de exterminio y el reencuentro con su mujer, Anja- mientras que confunde a Art con su otro hijo fallecido.

Una experiencia grata y enriquecedora la relectura de Maus, libro que no sólo nos permite adentrarnos en el Holocausto nazi de una forma diferente, como si de un cuento se tratara, sino además conocer la vida de un hombre, Vladek Spiegelman, que probablemente, de no haber tenido un carácter tan singular, no habría sobrevivido.

Hablaremos de este cómic el 8 de junio, miércoles, a las 19 horas, en la próxima sesión del club de lectura. En la biblioteca del centro se pueden encontrar  ejemplares del mismo.

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