La pesadilla de Darwin

Grandes aviones de la antigua Unión Soviética llegan a las orillas del africano lago Victoria, para transportar hasta Europa los limpios lomos de la perca del Nilo, especie que podemos ver en cualquiera de nuestras pescaderías, aunque no siempre nos lo presentan con ese nombre. Floreciente negocio para nuevas empresas y trabajo en esas zonas. ¡Estupendo!

La película «La pesadilla de Darwin» (de Hubert Sauper, 2004), ganadora del oscar al mejor documental del pasado año, nos muestra la otra cara de la moneda, la realidad que rodea a este negocio.

Sauper nos enseña, sin efectismos de ningún tipo (no se trata de un documental de Michael Moore), el entramado de pilotos, prostitutas, niños de la calle, comisarios de la Unión Europea, ministros, pescadores… sigue la pista de los lomos de la perca y de sus desechos, bien aprovechados después de múltiples y no siempre «sanas» formas. El resultado puede resultar duro de ver en bastantes ocasiones, la miseria (en todos los sentidos posibles) no es un espectáculo agradable.

Nunca me he bañado tranquilamente en la playa después de ver «Tiburón», algo así me pasa ahora cuando veo perca del Nilo en la pescadería: pienso en los aviones que van a recoger el pescado y en qué transportan para rentabilizar el viaje de ida, y no dejo de ver a los niños con sus latas «guisando» las raspas.

Ahora tenemos una oportunidad de verla en la filmoteca, el día 16 (a las 21 h) dentro del que llaman Ciclo Africano. Si puedes, no te la pierdas.

Aquí puedes tener más información de este ciclo.

Un pensamiento en “La pesadilla de Darwin

  1. Yo vi la pelicula ( en mi casa, ya que se me pasó la fecha en que la ponian aqui en el instituto) y lo que más me sorprendió es el hecho de que en la isla en la que los pescadores estaban aislados, las personas moribundas, tenían que abandonarla antes de morir, porque de lo contrario transportar los muertos a tierra les saldría demasiado caro. También me impresionó ese cura que prohibía el uso del preservativo y al mismo tiempo se compadecía de sus congéneres que morian de sida. Y por último ese pequeño empresario que en su despacho acondicionado encendía una perca del nilo mecanica que cantaba «don’t worry , be happy»
    Lo que más me duele no es el contenido de la pelicula en sí, sino que ese contenido, por muy explícito y demoledor que sea, pasara desapercibido ante un 99 % de la poblacion europea. Está claro que vamos a seguir llevando el mismo modo de vida, pero por lo menos deberiamos sentirnos culpables de ello, y esta pelicula es lo que consigue.

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